
sábado
Juan Laurentino lo dijo mejor.

viernes
¿Héroes?

domingo
Efectos
Le basto cruzar el umbral de la puerta y verla hecha un ovillo en el sillón de mimbre: rodillas con pera, mechón de pelo en la frente, la mirada perdida, para comprender que otra vez la había perdido. Por cinco, seis, quizás siete días solamente pero eran más que suficientes para extrañarla.
Podía urdir toda clase de artimañas para intentar retenerla, pero era en vano. Ella se había ausentado, otra vez. La primera vez pensó que era una excepción. Algo fuera de lo común, un ejemplar extraño había logrado que ella entrara en trance y no sabia como conectarse con ella en ese estado. Pero era irremediable, como la verdad, ni triste ni alegre, ni bueno ni malo, irremediable.
Cualquier otra persona que la conociese diría que él era un exagerado, que ella no se había ido a ningún lado, que estaba allí, que dormía en su cama, que comían juntos, incluso podían llegar a compartir un mate, pero él sabia que no era del todo cierto. Había algo en la esencia de su mujer, un pequeño desliz del alma, que se había modificado.
Su cuerpo estaba, sí, sus movimientos mecánicos, incluso hasta lo cotidiano de la casa seguía ocurriendo, pero en el fondo, había un delgadísimo hilo que se cortaba. Ella se había ido a un mundo paralelo, invisible, pero tan contundente, que lo único que podía hacer era esperar que a que regrese y extrañarla.
Al principio dio pelea. ¿Qué era todo esto? ¿Dónde se había visto? Alejarse así, sin mediar palabra, sin explicaciones previas! Era inútil.
Incluso pensó en amenazarla, pero cómo. ¿Qué iba a decirle? Ni siquiera se animó a sugerir que la dejaba, no sólo porque la simple idea le producía rechazo, sino porque intuyó que ella no pondría ningún tipo de objeciones al respecto. Incluso quizás, hasta se hubiera sentido aliviada si él la dejaba sola esos días.
Lo terrible no era su ausencia, sino la certeza de que él, en ninguna oportunidad, tendría acceso a ese lugar remoto en el que ella se alojaba, ni siquiera podía espiar ese mundo. Entonces sentía celos. Era eso, sencillamente...
Se venia, ya lo sabia, una semana de guisos pasados, fideos quemados y remeras arrugadas, ¡que no fuera a ocurrir justo en la época en que se vencía la luz o el teléfono! porque era obvio que ella no detendría su tarea por un hecho tan burdo como ese. Pero como todo, uno o dos días después de terminar, ella volvía a ser la misma, volvía a mirarlo como antes, como siempre, a tomar su mano como si nada y sin ningún motivo aparente, volvía a sentirla suya , así que no había que alarmarse, ya no. Sabía que esto pasaría y volvería a empezar. Así era ella.
Sabia que no era el fin del mundo, era su mujer, lo amaba, sólo tenia que esperarla porque ella siempre volvía. Su mujer no estaba enferma, ni loca, ni tenia problemas de personalidad, solamente, ella otra vez, había empezado a leer un libro, uno de esos que la absorbían completamente y que extraían de ella su fibra mas intimas, para devolverla feliz y renovada y...más hermosa que nunca!
Mariana.
jueves
Juan L. Ortiz

“Fui al río”
“Regresaba
--¿Era yo el que regresaba?--
en la angustia vaga
de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De pronto sentí el río en mí,
corría en mí
con sus orillas trémulas de señas,
con sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría el río en mí con sus ramajes.
Era yo un río en el anochecer,
y suspiraban en mí los árboles,
y el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
¡Me atravesaba un río, me atravesaba un río!
POBREZAS

Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.
Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no tienen silencio ni pueden comprarlo.
Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar,
como las alas de las gallinas se han olvidado de volar.
Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que comen basura y pagan por ella como si fuese comida.
Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que tienen el derecho de respirar mierda,
como si fuera aire, sin pagar nada por ella.
Pobres,
lo que se dice pobres
son los que no tienen más libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.
Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que viven dramas pasionales con las máquinas.
Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que son siempre muchos y están siempre solos.
Pobres,
lo que se dice pobres,
son los que no saben que son pobres.
Eduardo Galeano
miércoles
Los amigos

En el tabaco, en el café, en el vino,
al borde de la noche se levantan
como esas voces que a lo lejos cantan
sin que se sepa qué, por el camino.

Livianamente hermanos del destino,
dióscuros, sombras pálidas, me espantan
las moscas de los hábitos, me aguantan
que siga a flote entre tanto remolino.
Los muertos hablan más pero al oído,
y los vivos son mano tibia y techo,
suma de lo ganado y lo perdido.
Así un día en la barca de la sombra,
de tanta ausencia abrigará mi pecho
esta antigua ternura que los nombra.
lunes
LLAMADO POR LOS MALOS POETAS
Se necesitan malos poetas. Buenas personas, pero poetas malos. Dos, cien, mil malos poetas se necesitan más para que estallen las diez mil flores del poema. Que en ellos viva la poesía, la innecesaria, la fútil, la sutil poesía imprescindible. O la in- versa: la poesía necesaria, la prescindible para vivir. Que florezcan diez maos en el pantano y en la barranca un Ele, un Juan, un Gelman como elefante entero de cristal roto, o un Rojas roto, mendigando a
Rodolfo Enrique Fogwill